Obsolescencia programada

Se denomina obsolescencia programada a la planificación del fin de la vida útil de un producto, de forma que, después de un tiempo determinado por el fabricante, dicho producto deja de funcionar, pasa a ser inservible.

La obsolescencia programada es una de las muchas estrategias que el sistema capitalista tiene para empujar a la gente hacia el consumo incontrolado y continuo. Y decimos que es una estrategia propia del sistema capitalista porque en el mundo socialista y comunista esta práctica no se puso en marcha. Hay varios ejemplos que lo verifican, como veremos más adelante.

ARTÍCULO RELACIONADO: Ver artículo El consumo (Juan Pérez Ventura, Septiembre 2012)

Un ejemplo recurrente para evidenciar la obsolescencia programada son las impresoras, que poseen un chip con recuento de impresiones, de forma que cuando llega a un determinado número deja de funcionar, siendo más rentable comprar una nueva que repararla. Y es aquí donde está la clave de la obsolescencia programada: que es más barato comprarse un producto nuevo que reparar el que se ha quedado obsoleto. Así es como el consumidor queda obligado a volver a comprar.

Esto no sólo ocurre con las impresoras, sino con cualquier otro producto electrónico, desde lavadoras y frigoríficos hasta teléfonos móviles, televisiones y ordenadores.

La empresa de la manzana, Apple, se ha convertido en el rey de la obsolescencia planificada. Pero, frente a los modelos que podemos considerar más recurrentes, orientados a diseñar y fabricar productos que se estropean o que dejan de funcionar correctamente pasado cierto tiempo, la obsolescencia planificada de Apple resulta más sutil y sofisticada ya que se basa en ofrecer productos mejores y más innovadores a pesar de que el modelo anterior siga siendo útil y operativo.

De esta manera el cliente tiene que estar comprándose un iPhone nuevo cada 10-12 meses, a medida que Apple va incorporando nuevas mejoras en sus productos, por muy pequeñas que sean. Con la ayuda de una publicidad masiva y dirigida, el consumidor cae en la trampa y vuelve a comprarse un nuevo teléfono móvil aunque el anterior que tenía siga siendo útil.

Obsolescencia Programada ordenadoresLa obsolescencia programada no sólo tiene repercusiones negativas en el bolsillo de los consumidores, sino que también afecta gravemente al medio ambiente, al promover el desecho de miles de toneladas de productos electrónicos que aun están servibles.

Al crearse productos de usar y tirar, la obsolescencia programada provoca un flujo constante de residuos, que suelen acabar en países del Tercer Mundo. Estos desechos, además de negativos, son realmente innecesarios, ya que muchos de ellos pueden utilizarse. Quizás no son los productos más modernos ni de diseño más atractivo, pero siguen siendo útiles para las personas.

En los países subdesarrollados se están creando grandes vertederos incontrolados de residuos electrónicos llegados de Occidente. VER: Ghana, el nuevo vertedero de Europa.

Además de ser algo denunciable moralmente, el desecho de estos productos es una práctica en principio impedida por un tratado internacional que prohibe enviar residuos electrónicos al Tercer Mundo. Pero las empresas utilizan un simple truco para evitar la ley: declaran a los residuos productos de segunda mano.

La huella ecológica que dejamos los seres humanos se agranda debido a prácticas irresponsables como la de la obsolescencia programada.

NOTICIAS RELACIONADAS:

-Sin obsolescencia programa un frigorífico podría durar hasta 80 años (ABC.es, Julio 2012)

-Apple y la obsolescencia creativa (cadenaser.com, Septiembre 2012)

-Obsolescencia programada o cómo las empresas fabrican productos caducos (elmundo.es, Junio 2012)

-La obsolescencia programada en los coches (autocasion.com, Septiembre 2012)

El caso de la bombilla que no se apagaba

¿Qué tiene de malo conseguir fabricar una bombilla que no se apague nunca? ¿Por qué una empresa se negaría a desarrollar este aparato que tanto agradaría a los compradores? Uno tiende a pensar que la empresa que pusiera en venta una bombilla que no se apagara ni se estropeara en 50 años obtendría ganancias millonarias. Todo el mundo querría comprar ese modelo de bombilla. ¿Por qué las empresas no iban a querer vender ese tipo de bombilla?

En realidad un objeto que no se estropee y que tenga una vida de decenas de años va en contra del principio básico del capitalismo: no es rentable. La empresa que vendiera esas bombillas ganaría mucho dinero durante unos meses, quizás durante un año, y vendería posiblemente todas las bombillas. Pero una vez vendidas, pasarían décadas hasta que la gente tuviera que volver a comprar bombillas, y sería un desastre para el negocio. Es mucho mejor fabricar bombillas que se estropeen cada cinco meses, y así asegurarte una clientela que demande bombillas durante toda la vida.

El caso de la bombilla que no se apagaba tuvo lugar en la Alemania del Este, la RDA (República Democrática Alemana), también conocida como “Alemania Oriental”, en el año 1981. El mundo aun estaba dividido entre el capitalismo y el socialismo/comunismo, así que en cierta manera aun existía otro modelo económico que hiciera frente al neoliberal. En la Alemania socialista, la Alemania del Este, se comenzaron a fabricar bombillas de larga duración. Al presentarlas en una feria internacional, en busca de compradores por todo el mundo, los empresarios occidentales capitalistas dijeron a los alemanes: “os quedaréis sin trabajo”, y rechazaron comprar las bombillas y extenderlas por el Mundo. En 1989 cayó el Muro de Berlín y la RDA se unió a la Alemania Occidental. La fábrica de bombillas de larga duración cerró y aquella idea se perdió. Hoy en día aun se puede ver ese modelo de bombilla en museos, pero no satisface las necesidades de ningún hogar en el Mundo. Era mucho mejor fabricar bombillas defectuosas que se estropearan cada cierto tiempo, para que el consumidor tuviera que comprar de nuevo y de forma constante durante toda su vida.

MÁS INFORMACIÓN: Para los interesados en la obsolescencia programada es inevitable acudir a la recomendación del documental “Comprar, tirar, comprar”, el mejor ejemplo de cómo funciona la obsolescencia programada. Para ver este documental hacer click aquí.

 

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