Cómo funciona el mundo (7/10): Crecimiento económico infinito

En el mundo actual, tal y como entendemos la vida, el crecimiento económico es el único objetivo que han de tener los países, sociedades, regiones, empresas o personas. No hay otro motivo por el que existir. El crecimiento económico debe ser el camino para conseguir todo lo demás. Hoy en día, vivir es crecer.

¿Para qué sirve una empresa que no crece económicamente? ¿Qué papel juega una región que no tiene crecimiento económico? ¿Tiene éxito una persona que no gana cada vez un poco más de dinero? El sistema económico predominante se basa en el crecimiento continuo, y esa idea ha conseguido traspasar los ámbitos económico o político y se ha implantado en lo más profundo de las consciencias de las personas. La gente vive convencida de que el crecimiento es sinónimo de éxito y de felicidad. Y, ¿quién no quiere ser feliz?

La principal consecuencia del crecimiento económico continuo es la generación de una producción masiva de bienes y servicios. Toda esa producción ha de ser consumida, por lo que el sistema ha desarrollado estrategias muy efectivas para atar a las personas al consumo, que desde hace unas décadas también es una actividad que se realiza continuamente.

Así, en el mundo actual nos encontramos con tres procesos que son continuos: el crecimiento, la producción y el consumo. Para que se mantengan, cada uno de estos procesos depende de los otros. Por ejemplo, sin producción no hay consumo, así como sin crecimiento no hay producción, o sin consumo no hay producción.

La cuestión que debemos abordar es, ¿se pueden mantener continuamente estos procesos? ¿Podemos consumir al ritmo actual durante las próximas décadas? ¿podremos seguir produciendo las cantidades de hoy en día? Antes de contestar a estas preguntas, habría que recordar que vivimos en un planeta finito: tiene límites. Aunque escuchando y leyendo a muchos economistas, políticos o empresarios, uno puede pensar que no es así, lo cierto es que la Tierra no va a poder darnos petróleo o minerales toda la vida, y que hay un número máximo de coches que pueden circular por nuestras ciudades, y un tope de humo que nuestro aire puede soportar.

Está claro que, tal y como está diseñado el sistema, actualmente nadie se plantea dejar de crecer. El desarrollo ha sido continuo durante siglos pasados y ha de seguir siéndolo en el futuro. El desarrollo nos ha traído progreso y bienestar. Vivimos mejor que en la Edad Media y mejor que durante el S.XIX. Lo curioso es que el modelo de crecimiento actual puede hacer que hoy vivamos mejor también que en el futuro.

Hemos hablado del crecimiento como forma de vida, es decir, del cómo vivimos. Ahora toca pensar en algo que muchas veces se nos olvida: dónde vivimos. El cómo y el dónde están estrechamente relacionados, dependen el uno del otro, y afectan el uno al otro.

El cómo hace referencia a las actividades o formas de actuar y el dónde señala el espacio físico donde tienen lugar esas actividades. En el caso que nos ocupa, este espacio es la superficie terrestre, y el medio ambiente como representación del escenario donde tienen lugar las actividades humanas.

Como hemos dicho, desde hace varias décadas las actividades humanas tienen que ver con fomentar el desarrollo económico, y eso tiene un efecto concreto en el medio ambiente: lo transforma. Aunque no se debe generalizar, lo cierto es que el paso del tiempo ha demostrado que el modelo económico vigente se caracteriza por una explotación excesiva de los recursos naturales y por generar altos niveles de contaminación al medio ambiente, por lo tanto el hombre transforma el medio de una manera negativa. Se destruyen montañas para extraer minerales, se talan bosques para conseguir madera, se sobreexplotan los acuíferos, se extinguen especies animales, se llena el aire de gases tóxicos…

Paradójicamente, estamos contaminando y dañando nuestro propio hogar. El medio ambiente es el lugar donde vivimos. Si el medio ambiente está contaminado, nuestras vidas también. Por ello conviene divulgar un mensaje que alimente la conciencia crítica de las personas, no ya solo por preservar el medio desde una posición ecologista, sino para salvaguardar nuestro propio bienestar. Quizás transmitiendo esta idea, que parte de una base egoísta, cada vez más gente se apunte a la idea de preservar el medio ambiente. Detener el modelo de crecimiento para salvar un puñado de árboles o a unos animales no parece estar teniendo mucho éxito entre la gente. Ha llegado la hora de aumentar el nivel de la amenaza: lo que está en juego es nuestra propia existencia.

Cuando una fábrica vierte residuos tóxicos a un río no está contaminando únicamente el agua del río, sino también a los peces, a las plantas y a los seres humanos que entran en contacto con él. Como aun no hemos aprendido a fabricar agua, deberíamos tener cuidado a la hora de contaminar nuestras fuentes de este recurso. Y de la misma manera ocurre con la madera, el aire, los minerales, las cosechas… etc. Nos servimos del medio para sobrevivir. Contaminar el medio es una grave irresponsabilidad, y debido a que el sistema de producción y de consumo actual es propicio a contaminar la naturaleza, es necesaria una reflexión sobre cómo funciona el mundo hoy en día. Puede parecer una cavilación que no lleva a ninguna parte, pero únicamente cuestionándonos el sistema establecido podemos llegar a cambiar las cosas.

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