Contrastes socioespaciales en Chicago

Con un producto interior bruto de 610.000 millones de dólares (la tercera de Estados Unidos, únicamente por detrás de Nueva York y Los Ángeles), la Ciudad del Viento, que es como se conoce a Chicago, es una de las urbes más pobladas y diversas de América. Observamos diferentes realidades dentro de la misma ciudad, y en este artículo intentaremos analizarlas para comprender los contrastes sociales y espaciales que se dan. Es sorprendente lo mucho que puede cambiar una misma ciudad cuando se pasa de un barrio a otro.

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Distintos paisajes urbanos en una misma ciudad

Así como dentro de un país encontramos diferentes paisajes y ecosistemas, en las ciudades de gran tamaño podemos observar distintas zonas. Este ejercicio puede hacerse de manera muy visual y evidente a través de la herramienta Google Earth. Si volamos sobre una ciudad con el visor de Google, comprobaremos que las ciudades no son homogéneas, y presentan multitud de colores, texturas y formas.

En el caso de Chicago, vamos a sobrevolar su extensa área metropolitana (el área conocida como Chicagoland, de unos 10 millones de habitantes) y a analizar los espacios urbanos que vamos encontrando. Nos detendremos en una zona industrial, en suburbios de clase media, en barrios de clase baja y en los suburbios de clase alta.

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A lo largo del North Branch del Río Chicago observamos varios polígonos industriales, con grandes naves y denso tráfico de camiones. La Ciudad del Viento cuenta con más de una docena de industrial corridors (corredores industriales), que dan trabajo a cerca de 4,5 millones de trabajadores. Las manufacturas, la elaboración de alimentos y el sector del papel (publicación, impresión…) son las principales actividades industriales de la ciudad.

Todos estos datos se ven plasmados físicamente en las zonas de la ciudad en las que se lleva a cabo la actividad industrial. Los corredores industriales se distinguen a simple vista por sus edificaciones y estructuras únicas, y por la importancia que tienen en ellos las vías de comunicación (autopistas, vías de ferrocarril, puertos…), claves para dar salida a la producción. Además, un ambiente grisáceo envuelve normalmente a estos espacios industriales, que inicialmente tienden a localizarse lejos del centro urbano, si bien el crecimiento desmesurado de las urbes ha terminado por integrar a muchos polígonos industriales dentro de la ciudad.

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Chicago es una ciudad que puede entenderse “de izquierda a derecha”, “desde dentro hacia fuera”, tomando como centro el sector más cercano a la costa del Lago Michigan y como periferia los suburbios más alejados de las aguas de esta gran mancha de agua. Avanzando con la mirada de izquierda a derecha, desde la costa del lago hacia el interior, podemos detectar texturas y colores distintos, que revelan diferentes zonas dentro del área metropolitana. En el centro encontramos el CBD (Central Business District), y partiendo desde este punto en dirección Oeste vamos recorriendo los distintos sectores de Chicago: los barrios de clase baja, los de clase media, los suburbios, las urbanizaciones alejadas del centro…

En el recuadro 2 de este análisis apuntamos a los barrios de clase media, espacios con anchas calles pensadas para los coches y casas unifamiliares con jardín y garaje. Son zonas de la ciudad caracterizadas por la presencia de espacios verdes y por la homogeneidad de la estructura urbana. Vistos desde el aire, los suburbios de clase media de Chicago presentan una forma exactamente igual entre ellos (ver segunda fotografía de la imagen anterior).

De vez en cuando, sobrevolando la homogénea trama de los suburbios de clase media, con sus casitas y sus jardines, encontramos edificios que rompen la homogeneidad: una iglesia, un centro comercial, una escuela… son las infraestructuras públicas que abastecen de servicios a los vecinos de estas zonas. Y aparecen de manera salteada, de repente, sin aparente lógica (pero profundamente pensadas para dar buen servicio). A estos lugares la gente acude en sus vehículos particulares, por lo que junto a ellos siempre aparece un gigantesco parking.

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En Chicago, el distrito financiero esta rodeado por una vasta extensión de barrios de clase media-baja y clase baja, que se caracterizan por tener casas de dos o tres alturas con jardín en la parte de atrás. Edificios de ladrillo y de colores grisáceos y marrones que se suceden en calles estrechas. Al pasear por ellas se nota un ambiente distinto al de los suburbios y al del centro financiero.

Las casas son más pequeñas, hay menos espacios verdes… y encontramos autovías y polígonos industriales cerca de estos barrios. Vivir al lado de una vía de comunicación (de ferrocarril o carretera) o de una zona industrial suele indicar un menor nivel socioeconómico: los más ricos no querrían vivir al lado de este tipo de espacios (hay contaminación, mucho ruido…).

Otra de las características físicas de estos barrios de clase baja en Chicago es la presencia de casas abandonadas o solares sin edificar. Es un problema en la Ciudad del Viento, donde se cuentan alrededor de 35.000 casas abandonadas, especialmente en los barrios del South Side, como Englewood y Back of the Yards, donde una de cada seis casas está vacía.

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Si continuamos hacia el Oeste, alejándonos del centro de la ciudad, conseguiremos atravesar grises barrios y contaminadas zonas industriales, saltaremos anchas autopistas y llegaremos hasta un espacio verde, tranquilo y apartado del bullicio de la ciudad. Seguimos dentro de Chicagoland, por supuesto, pero el ambiente ha cambiado completamente.

Aquí florecen los campos de golf, los estanques y lagos, las zonas ajardinadas… no hay gente en las calles, que en esta zona son vías pensadas únicamente para los coches, y tampoco hay comercios ni tiendas. El paisaje nos recuerda a aquella canción de Malvina Reynolds, popularizada por Pete Seeger en 1963, Little boxes. Una melodía que fue utilizada para la intro de la serie “Weeds” (2005-2012), y que muestra a la perfección de qué tipo de barrios estamos hablando.

Casas unifamiliares de dos o tres alturas, grandes, con garaje y jardín. Los típicos suburbs, según la terminología anglosajona, espacios alejados de la ciudad para la gente de clase media alta y clase alta. Aquí la dependencia del coche es total. Estos barrios sufren (o disfrutan, según se mire) la lejanía del centro de la ciudad y de las infraestructuras de servicios (hospitales, etc), si bien están más cerca de otro tipo de espacios (grandes superficies comerciales, estadios deportivos, etc).

¿Qué tipo de personas viven en cada paisaje?

Los distintos paisajes que hemos observado en el análisis espacial del área metropolitana de Chicago no sólo se distinguen de manera visual, sino que además tienen profundas diferencias sociales, económicas, raciales e incluso culturales entre ellos. Son diferentes paisajes, que albergan ecosistemas distintos.

Una las diferencias principales que divide en zonas a Chicago es el factor racial. La Ciudad del Viento es hogar de distintas culturas y razas, pero no ha conseguido unirlas y mezclarlas: están segregadas de manera muy clara. Si observamos mapas del porcentaje de población blanca y del porcentaje de población negra por barrios, comprobamos las diferencias espaciales tan extremas que se viven en la ciudad. Mientras los barrios del Norte y Oeste son predominantemente blancos, en el Centro y el Sur de la ciudad se agrupa la población negra.

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En el apartado anterior, cuando describíamos la Zona 3 (barrios de clase media-baja y clase baja), estábamos analizando precisamente ese sector de Chicago donde mas del 85% de la población es negra. Una zona de la ciudad que otro indicador nos ayuda a caracterizar socioeconómicamente: la tasa de desempleo. En varios barrios de población mayoritariamente negra el porcentaje de personas en paro es notablemente mayor que en el resto de la ciudad.

La relación entre la raza y el nivel socioeconómico es más que evidente en Chicago, hasta el punto que se puede mantener que es mucho más probable que un adulto blanco viva en un barrio del Oeste de la ciudad a que lo haga un adulto negro. De la misma manera, si paseamos por cualquier barrio al sur del distrito financiero, lo más probable es que encontremos población negra, hispana o asiática por las calles (y, además, es bastante probable también que las personas con las que nos crucemos estén en situación de desempleo). Es la doble realidad que se vive en Chicago, una ciudad partida por la mitad. Una realidad que además no deja de perpetuarse y agravarse con el paso del tiempo, como señalan los siguientes mapas.

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¿Es casualidad que en los barrios donde hay más desempleo y menos población blanca las familias ingresen menos dinero? En la Ciudad del Viento los datos, plasmados sobre el plano urbano, no pueden ser más reveladores: no es casualidad, es una consecuencia. Los trabajos a los que pueden acceder colectivos de personas de distinta raza (distinta a la mayoritaria) están peor pagados que los trabajos de las personas blancas que viven en los barrios de clase media de la periferia de la ciudad. El desempleo es mayor en los barrios donde viven minorías (que no son tan minorías), y esto está relacionado con el aspecto físico que tienen estos espacios de la ciudad: recordemos el problema con las viviendas vacías y las casas abandonadas.

El problema de las diferencias sociales dentro de la ciudad va en aumento, ya que cada año que pasa son más los barrios en los que las familias ingresan menos dinero. Desde 1970 hasta 1990 aumentaron considerablemente las zonas de Chicago en las que los trabajadores cobraban menos ingresos que la media urbana, y este proceso tuvo lugar al mismo tiempo que aumentaban los barrios donde las familias ganaban más dinero. Es decir, cada vez hay más ricos y cada vez hay más pobres en Chicago.

Otros indicadores de las diferencias socioespaciales

Además de la composición étnica y de las clases sociales que ocupan los distintos espacios de la ciudad, podemos utilizar otros factores para caracterizar cada barrio y cada zona. Por ejemplo, ¿cuántos médicos por habitante hay en este barrio? ¿cuál es el grado de accesibilidad a supermercados en esta zona? ¿cuántos robos y atracos se producen en esta calle? Distintos indicadores que también describen las diferencias socioespaciales y que, dentro de una gran ciudad, suelen arrojar valores muy diferentes en función de qué barrio o sector analicemos. Lo cual se comprende mejor si entendemos la ciudad como un todo, en el que todos son vecinos iguales y conciudadanos que comparten un mismo espacio. Sólo desde ese marco conceptual se reproduce en el lector la verdadera sorpresa que hemos de experimentar al saber las enormes diferencias socioeconómicas que hay dentro de una ciudad.

La sanidad no llega a todos los vecinos por igual

Según en qué parte de la ciudad se viva, los vecinos de Chicago pueden ver reducida su esperanza de vida hasta diez años. Un asombroso dato que no hace sino reafirmar a la Ciudad del Viento como una de las más desiguales de toda América.

Un indicador que suele usarse en Chicago para denunciar la situación de los barrios menos prósperos es el nivel de plomo en sangre entre los niños. En Estados Unidos, así como en la mayor parte de países, se considera que un alto nivel de plomo se da cuando encontramos más de 10 microgramos de plomo por decilitro de sangre (>10mg/dL). Esto puede conllevar a problemas como dolores de cabeza y desmayos, o a otros más graves como hematomas y sangrados.

En Chicago ha sido común encontrar cierto nivel de plomo en la sangre de los niños de toda la ciudad, por ello las autoridades sanitarias llevan desde hace años actuando. Pero aquí es cuando encontramos las diferencias socioespaciales: si bien se ha conseguido que en muchas zonas de la ciudad el plomo en sangre deje de ser un problema, en otras un alto porcentaje de los niños sufren este problema.

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Los niños con alto nivel de plomo en sangre viven en los barrios más degradados de la ciudad, donde otros indicadores coinciden en los altos valores: desempleo, violencia, pobreza… En estos lugares, ya de por sí complicados para el correcto desarrollo de los más jóvenes, el factor del plomo en sangre se suma a los obstáculos, y favorece el fracaso escolar. Como hemos dicho, altos niveles de plomo en sangre generan dolores de cabeza y desmayos, dificultando la concentración en clase.

El problema del plomo no se está analizando en este caso y en este artículo por sus implicaciones médicas, sino para evidenciar el distinto trato que reciben los vecinos de una misma ciudad. Según dónde se viva, se tienen más obstáculos para acceder a los servicios públicos (en este caso a los servicios sanitarios).

En el mapa anterior se combina el dato del nivel de plomo en sangre con los indicadores de pobreza, para comprobar que, efectivamente, este problema de carácter médico es mucho más grave en aquellas zonas más pobres de Chicago.

La violencia no afecta a todos los vecinos por igual

Otra forma de evidenciar las diferencias socioespaciales y la segregación de una ciudad suele hacerse plasmando sobre el plano urbano indicadores relacionados con la violencia y la inseguridad. Este tipo de eventos ocurren en determinadas zonas de la ciudad, aquellas que están más afectadas por la pobreza, el desempleo o la exclusión social. Al menos de manera general.

Es cierto que en un país como Estados Unidos, la violencia ejercida con armas de fuego puede darse casi en cualquier calle y en cualquier barrio, pero normalmente sí hay un patrón espacial que permite señalar a ciertas zonas de la ciudad como más violentas. En el caso de Chicago, los más de 2.600 tiroteos callejeros que tuvieron lugar en el año 2014 se localizaron predominantemente en las zonas de clase media-baja y de clase baja, es decir los sectores que en el anterior mapa correspondían a mayores niveles de plomo en sangre en los niños y a mayores niveles de pobreza. No es casualidad en ningún caso.

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Si bien es cierto que de los 863 asesinatos en 1980 se ha pasado a “únicamente” 432 en el año 2014, debemos recordar que esto supone más de un asesinato diario al año, en una ciudad global como Chicago, la tercera urbe más importante de, para muchos, el primer país del mundo.

En lo que respecta a la resolución de casos de asesinatos (cuántos casos se han resuelto por parte de la Policía o la Justicia), de nuevo Chicago es un ejemplo a no seguir. Un interesante indicador, la Tasa Anual de Resolución de Casos de Asesinato (Annual Murder Clearance Rate), evidencia que desde el año 2008 no han dejado de aumentar los asesinatos sin resolver. Es decir, las autoridades cada vez resuelven menos casos.

Si en 2008 se resolvieron únicamente el 48% de los asesinatos, para 2010 las investigaciones fueron capaces de resolver sólo el 39%. Y en 2012 la cifra bajó al 26%. Un desastre y una penosa imagen de las autoridades de Chicago. Además, la Annual Murder Clearance Rate ha bajado especialmente en los barrios más violentos, en los distritos 6, 7, 9 y 11.

Este artículo del Chicago Magazine se pregunta por qué al Departamento de Policía le cuesta tanto atrapar a los asesinos y llevarlos ante la Justicia, y apunta a la bajada del número de detectives el cuerpo (de los casi 1200 que había en 2008 a los poco más de 900 de 2012). Un claro retroceso en las capacidades de la Policía, que no hace sino empeorar la ya cuestionada efectividad de la Justicia. En Chiraq, esto es una buena noticia para los pistoleros.

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Un último recurso interesante sobre la (in)seguridad en Chicago: la base de datos de todos los crímenes cometidos en la ciudad desde el año 2001 hasta el día de hoy, en un registro interminable. Es interesante porque, además de la fecha y de la manzana donde tuvo lugar el crimen, se especifica también el móvil, si hubo detención, o si fue en un bar, en la calle, en un apartamento… etc. Sin duda un portal de datos muy útil para conocer las diferencias socioespaciales en la ciudad de Chicago.

Las diferencias socioespaciales afectan a toda la sociedad

Se tiende a pensar que, cuando existen diferencias económicas o de desarrollo entre dos grupos de población, el grupo afectado es el que se encuentra en una peor situación (económica, social, de desarrollo, de acceso a servicios…). Pero lo cierto es que la condición de afectado por la desigualdad influye en el conjunto de toda la población.

Entre 2003 y 2006, las diferencias en materia de sanidad en función de la raza costaron a nivel nacional en Estados Unidos 230.000 millones de dólares en gastos médicos directos, según estudios de la Universidad de Maryland y la Johns Hopkins. Esto quiere decir que las diferencias socioespaciales, en este caso en sanidad, no sólo son negativas para el sector de la población que se ve en situación desventajosa, sino en general para toda la población del país. Cuando una madre afroamericana de un barrio de Chicago no tiene acceso a servicios médicos con tanta facilidad como una madre blanca de otro barrio vecino, el problema no lo tiene únicamente ella. Si su estado de salud empeora, los servicios de sanidad tendrán que invertir más dinero en medicamentos y tratamientos para sanarla, lo cual supondrá un gasto mayor al que habría costado atenderla en el primer momento (al igual que se atiende a las madres de color blanco), y esto afectará negativamente al bolsillo de la madre blanca, que entonces deseará que hubieran atendido a la madre negra de igual manera a la que le habrían atendido a ella.

El artículo The high price of health disparities, publicado en The Baltimore Sun, termina con una reflexión muy interesante sobre esta realidad:

Empowering communities to reduce those disparities also empowers them to tackle the conditions that create them, because the health outcomes in communities are affected not just by the number of doctors, clinics and hospitals operating there but by the totality of the social, economic and physical environments in which people live and work. The gap in health outcomes is as much a function of the inequities in the rest of people’s lives as it is of unequal access to care. And the solution lies not only in more high-tech equipment and effective medications but in more equitable social policies as well.

En el caso de una ciudad tan poblada como Chicago el problema de la desigualdad y la segregación socioespacial se agravan, y no son de fácil solución. Los esfuerzos han de centrarse en la educación y también en la inversión, para conseguir que los distintos grupos sociales se puedan entremezclar y convivir en los mismos espacios. Es importante el trabajo pedagógico, porque en este tipo de situaciones los grupos sociales privilegiados suelen estigmatizar negativamente a los demás grupos (inmigrantes, desempleados, población de otra raza…), pero lo es más la decisión política de dotar de más fondos y recursos a las zonas marginadas. Acabar con la desigualdad en una ciudad es una decisión política, y en manos de los gobernantes está hacer que las grandes ciudades sean espacios de convivencia y oportunidades para todos sus vecinos.

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