Obras de arte con mensajes secretos

A lo largo de la historia importantes autores se han apartado de la temática habitual y han dejado a un lado lo romántico y lo histórico para representar temas misteriosos, en ocasiones incluso temas tabúes, como lo relacionado con Satanás (ejemplo en El Aquelarre de Goya) o lo referente a la sexualidad y el libertinaje (en El Jardín de las Delicias de El Bosco). Estos autores presentan en sus obras una profundidad de significado mucho mayor que en los cuadros que retratan a familias reales o a jóvenes enamorados a la orilla del río. Sin embargo, por su fama de provocadores, el impacto de sus composiciones es menor. Todos esperamos encontrar algo secreto en las pinturas de Goya, y todos nos acercamos a los cuadros de El Bosco intentando encontrar los mensajes ocultos que nos quería transmitir el genio flamenco. De la misma manera, Dalí también es uno de estos autores de los que se sabe que esconde algo.

Todos ellos son genios del arte, y sus obras merecen nuestra atención, aprecio y estudio. Aun así, lo que en esta ocasión vamos a repasar y analizar no son obras de pintores que se salieron de la ortodoxia en la temática, sino de aquellos que, ciñéndose al encargo que les realizaron, consiguieron esconder un mensaje secreto. Esto precisamente es lo que hace de Leonardo, Velázquez o Miguel Ángel auténticos genios, capaces de elaborar las obras que sus pagadores les demandaban y además de darle profundidad al contenido con suma maestría. Cuando el rey, el papa o el noble encargaban un cuadro al artista, normalmente la temática no era susceptible de mucho significado (señores en tronos, montados a caballo, ropas relucientes, familias numerosas, referencias religiosas…), por lo que, a priori, no serían cuadros de mucha trascendencia, más allá de la calidad pictórica. Sin embargo es precisamente en este tipo de obras donde, a lo largo de la historia del arte, más misterios encontramos.

La Virgen de las Rocas (Leonardo Da Vinci, 1486)

Cuando en Abril de 1483 la Confraternidad de la Inmaculada Concepción de Milán encargó un lienzo para el altar de la Iglesia de San Francisco el Grande, dejaron muy claro que buscaban a un pintor que reflejara a la Virgen María con el Niño Jesús, acompañado por profetas y ángeles. El precio que se pagaría al maestro sería de 800 liras. A este encargo respondió Leonardo Da Vinci, para desgracia de la Confraternidad (y para fortuna de nosotros).

La elaboración de este cuadro trajo muchos dolores de cabeza tanto a los religiosos que la habían pedido como al propio Leonardo, que en esa época era un treintañero con cierta fama en la ciudad de Milán. Ya había pintado la Adoración de los Magos (1481) para los frailes de San Donato, y el encargo de la Confraternidad sería un paso importante en su carrera como pintor. Sin embargo, este contrato se alargaría demasiados años y conllevaría muchos jaleos en concepto de pagos. En cualquier caso, lo interesante es que La Virgen de las Rocas, el cuadro que finalmente pintó para la Confraternidad de la Inmaculada Concepción, es una de estas obras con mensaje oculto. Se dice incluso que fue por sus peculiaridades que no gustó a los religiosos, y que por eso hubo Leonardo de hacer varias copias (una se guarda en el Louvre, otra en la National Gallery de Londres, y en el año 2005 se descubrió una tercera).

En un ambiente innovador, el genio italiano presenta a la Virgen, a San Juan Bautista y al Niño Jesús acompañados por el arcángel Uriel rodeados por un paisaje salvaje, de inquietante oscuridad y extrañas formaciones geológicas. No se encuentran rodeados de ninguna estructura arquitectónica. Es una representación curiosa cuando menos. ¿Qué hacen allí en medio de un bosque que parece encantado? se preguntarían en la Confraternidad escandalizados.

virgenrocas

Para empezar, el propio tema del cuadro ya escandaliza a la doctrina oficial de la Iglesia desde hace siglos. Leonardo era un provocador, y escogió un tema de los evangelios apócrifos (aquellos textos no reconocidos por el Vaticano como válidos ni verdaderos). En un pasaje de estos evangelios prohibidos, Juan Bautista quedó huérfano y se fue a vivir a una cueva, donde fue encontrado por María y el Niño Jesús cuando éstos huían hacia Egipto. El tema del cuadro queda más que claro, y por eso el ambiente salvaje y la naturaleza rocosa.

Además de esta provocación que roza lo herético, Leonardo dejó una serie de gestos en su obra que no acabaron de convencer a la Confraternidad mariana de Milán. Por ejemplo, no entendían porqué diantres el niño en el regazo de la Virgen era Juan y no el propio Jesús, ¿a caso Juan es más importante que Jesús? ¿se intenta reír Leonardo de la fe cristiana? También el juego de miradas y de manos ayuda a que La Virgen de las Rocas esté rodeada de misterio. Tras el sfumato aparecen muchas más preguntas al fijarnos en los gestos: ¿está la Virgen amenazando al propio Niño Jesús con esa mano que se retuerce y acecha desde arriba? ¿por qué el arcángel señala a Juan Bautista y no a Jesús? Todo el cuadro parece estar en movimiento, si bien en la versión de Londres (que los expertos aseguran que es la copia del original, que sería el del Louvre) el dedo señalador del ángel no aparece.

El simbolismo oculto de La Virgen de las Rocas es explotado por Dan Brown en su famosa novela El Código Da Vinci (2003), donde directamente apunta a que Leonardo intenta representar símbolos contra el dogma cristiano, principalmente relegando al mismísimo Jesús a un tercer plano, por detrás de la Virgen y de Juan Bautista. Sería muy atrevido pintar un cuadro para la Iglesia mofándose del hijo de Dios, pero ciertamente en La Virgen de las Rocas Jesús no parece ser el protagonista de la escena. Según ciertas interpretaciones, Da Vinci era más que un provocador: era profundamente ateo y contrario a la Iglesia. Quizás siempre que podía ocultaba sus mensajes anti-cristianos en sus cuadros, como también ocurre en La última cena.

La Capilla Sixtina (Miguel Ángel, 1512)

La bóveda más famosa del mundo esconde muchos secretos. Seguro que un genio como Miguel Ángel (1475-1564), con muchas más inquietudes que la mera pintura, quería dejar su firma en las obras que realizaba. En el fresco de La creación de Adán, el más reconocido de la Capilla Sixtina, hay mucho más que un acercamiento de dedos.

Todos tenemos en la cabeza la imagen de esta pintura. Al lado izquierdo, Adán, completamente desnudo, acerca su mano a la del mismísimo Dios, situado a la izquierda y rodeado de figuras desnudas. Es una escena reproducida miles de veces en camisetas, películas, dibujos, series… todos la conocemos. Lo que quizás no hayamos guardado en nuestra memoria es el extraño espacio donde está insertado el Señor. Con una perfecta barba plateada y ropas celestiales, Dios (muy pocas veces representado con forma humana en toda la historia del arte), se encuentra dentro de una especie de óvalo rojo. Ciertamente es un dibujo extraño, como una cortina o sábana en la que se agrupan muchas personas. Es preciso mirarlo varias veces para tratar de entenderlo, pero algunos estudiosos han querido ver algo muy claro en este “objeto” que flota albergando a Dios.

Según la interpretación más controvertida, Miguel Ángel, conocido admirador del cuerpo humano y del estudio del mismo, que había participado en disecciones de cadáveres y conocía perfectamente cada órgano de nuestro cuerpo, reflejó en su fresco más famoso nada más y nada menos que el cerebro humano. Si bien puede sonar escandaloso e inverosímil, lo cierto es que atendiendo a las semejanzas esta teoría no parece tan descabellada (efectivamente el extraño dibujo que flota en el aire parece un cerebro). Además, por el simbolismo del propio cerebro como órgano central del cuerpo y fuente de conocimiento, no sería de extrañar que Miguel Ángel lo identificara con Dios, el sabio Creador.

creacionadan

Esta teoría apareció por primera vez en el año 1990, de la mano del doctor Meshberger, que publicó esta curiosa interpretación de La creación de Adán en la revista de la Asociación Médica Norteamericana. Meshberger resaltaba en su estudio que las figuras y sombras que aparecían detrás de Dios en el fresco de Miguel Ángel se disponían de manera no aleatoria, sino representando muy acertadamente el cerebro humano, pudiéndose detectar el lóbulo frontal, el quiasma óptico, el tronco del encéfalo, la hipófisis y el cerebelo. ¿Casualidad o fruto de la imaginación de este doctor? La hipótesis cobra fuerza sabiendo que Miguel Ángel tenía experiencia en el estudio de la anatomía humana y había visto y examinado cerebros.

Si tomamos como cierta esta interpretación, se abre un abanico de interesantes posibilidades a la hora de leer esta pintura. ¿Qué intenta decirnos Miguel Ángel? ¿que Dios está dentro de nuestra cabeza porque es fruto de nuestra imaginación? ¿se atrevió Miguel Ángel a escribir en el techo del propio Vaticano que Dios es un producto de nuestro cerebro? ¿intentaba relacionar la sabiduría total de Dios con nuestro cerebro, diciendo que Dios es la fuente de nuestro conocimiento? Si el cerebro es el órgano más importante del hombre, gracias al cual funciona todo el sistema humano, de manera análoga Dios es lo más importante de la Humanidad, ya que gracias a él funciona el mundo.

Caben muchas más interpretaciones de este curioso mensaje que parece esconder La creación de Adán. Hay quien opina que el manto rojo alrededor de Dios tiene la forma del útero humano, y que la bufanda verde que cuelga de él podría ser un cordón umbilical. En cualquier caso, vemos que la importancia de la anatomía y la presencia del cuerpo humano es más que evidente en la obra de Miguel Ángel. Qué quería decirnos con esos dibujos sigue siendo un misterio…

La última cena (Leonardo Da Vinci, 1497)

Volvemos a hablar de Leonardo para acercarnos a una de sus obras más reconocidas. La última cena es un mural pintado en una pared del convento de Santa Maria delle Grazie, en Milán, por lo que no se puede mover. No es un cuadro, como muchos podrían tender a pensar. La última cena lleva pegada a esa pared más de quinientos años, y sin embargo ha dado la vuelta al mundo. Se cuentan por miles las representaciones, imitaciones, parodias y reproducciones de esta escena. ¿Por qué es tan famosa?

De manera superficial y simplista se puede centrar el análisis en el simple hecho que Leonardo está representando, que es, efectivamente, el episodio de la última cena de Jesucristo, acompañado por sus doce seguidores. Es una escena que ha sido reflejada en muchos cuadros a lo largo de la historia, sin embargo, en los gestos, miradas y movimientos de las figuras de la obra de Leonardo se ha visto mucha más profundidad y significado que en el resto. Tras muchos años de análisis y reflexión, todos los expertos y espectadores coinciden en que definitivamente el autor nos intentaba transmitir mucha más información que el simple hecho de que era la última cena de Jesús.

Situado en el centro de la escena, Jesucristo acaba de pronunciar su famosa frase: “Yo tenía gran deseo de comer esta pascua con vosotros antes de padecer. Porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que sea la nueva y perfecta Pascua en el Reino de Dios, porque uno de vosotros me traicionará“. Se puede observar en el gesto y en la mirada de Jesús que el pobre hombre está triste y decepcionado. Acto seguido, tras decir esas duras palabras (“uno de vosotros me traicionará”), los doce discípulos que lo acompañan comienzan una aireada discusión entre gestos de indignación, enfado y asombro.

Entre todos estos movimientos que realizan los trece personajes de la pintura, hay algunos que han llamado la atención más que otros. Encontramos gestos curiosos, y también inquietantes…

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Es destacable el hecho de que no aparezca el cáliz del que bebió Jesucristo: el famoso Santo Grial. Es poco probable que un genio como Leonardo se olvidara de este importante elemento, que sí aparece en otros cuadros que reflejan este pasaje de las Sagradas Escrituras, como en La última cena de Juan de Juanes (S.XVI).

Sin duda el “mensaje oculto” más famoso de esta pintura es el conflicto entre Pedro y María Magdalena. Ésta, según los evangelios apócrifos, era una más dentro del grupo de seguidores de Jesucristo y, de hecho, era la preferida de Jesús. La interpretación más extendida es, en resumen, la siguiente: Jesús tenía previsto que su sucesor fuera la propia María Magdalena, y que todo el poder recayera en ella. Una mujer, pues, sería la encargada de liderar la Iglesia y de portar la palabra de Dios. Ante esta noticia, el apóstol Pedro se llenó de envidia y rencor, ya que él esperaba ser el sucesor de Jesús. Leonardo estaría reflejando este hecho en La última cena, representando a Pedro enfadado (cuchillo en mano) y a María al lado de Jesucristo (vestida con las mismas ropas, de color azul y rojo). Esta interpretación adquirió fama mundial con la publicación del libro El Código Da Vinci, de Dan Brown, en 2003. Por supuesto no es reconocida por la Iglesia y es un tema tabú. ¿De verdad la líder de la Iglesia era una mujer? ¿la líder del cristianismo una mujer? ¡Sería un escándalo! Ese mensaje, en la época de Leonardo, no se podría ni transmitir ni difundir, ni siquiera pensar. Cualquiera podría ser acusado y condenado por herejía si defendía la tesis de que María Magdalena era la sucesora de Jesucristo. ¿Es por eso que Leonardo ocultó este mensaje en La última cena?

Otro posible mensaje ocultado por Leonardo es el hecho herético también de considerar que Jesucristo tenía un hermano gemelo. Esto es algo que la Iglesia no acepta, pero que muchos analistas aseguran que podría haberse tratado del apóstol Tomás Dídimo. De hecho, en los evangelios, a Tomás se le llama “el mellizo”, y las palabras Tomás y Dídimo son sinónimos del concepto de “gemelo”. Aunque fuera algo mal visto por la Iglesia, parece que Leonardo tenía bien claro que era verdad: quizás por eso pintó a Tomás con un aspecto tan parecido al de Jesús.

Es interesante resaltar también que, en la época en la que se pintó La última cena, era normal representar las figuras santas con una aureola, para diferenciarlos del resto de personas. Es más que sorprendente que Leonardo pasara esto por alto y no colocara sobre la cabeza de los apóstoles ni del propio Jesucristo ese símbolo de santidad. ¿Otra provocación?

En cualquier caso y adoptemos la opinión que adoptemos, queda claro que estamos ante una pintura especial y llena de misterio. Sería sencillo entender que todo son casualidades y que Da Vinci no escondió ningún mensaje en La última cena, pero es mucho más fascinante reflexionar sobre la otra posibilidad. Creer que un genio del Renacimiento quiso transmitirnos algo a través de su obra despierta el interés por la misma. Y además, hay bastantes indicios de que fue así. Por eso Leonardo se considera uno de los mejores pintores de la historia.

Las meninas (Diego Velázquez, 1656)

Un ejemplo perfecto del tipo de obras que queremos destacar en esta ocasión. La familia de Felipe IV, conocido mundialmente como Las Meninas, es a primera vista una simple reproducción de un grupo de personas que posan para el pintor, con la única curiosidad de que el propio autor aparece retratado. Una anécdota que ha aparecido en varias obras, como en La familia de Carlos IV, de Goya. Si observamos rápidamente Las Meninas, nos sorprenderá un poco la atenta mirada de la joven Infanta Margarita, que parece mirarnos. Quizás pensemos que Velázquez dedicó demasiada pintura para el espacio vacío que ocupa casi dos tercios del cuadro en la parte superior. Todo aire entre paredes altas.

Entonces, si Las Meninas es simplemente el retrato casual de unas jóvenes acompañadas por una cohorte de personas, ¿por qué llevamos siglos estudiando esta pintura? ¿por qué Picasso dijo que se encerraría en una habitación y no saldría hasta comprender el significado de este cuadro? ¿por qué han dedicado ensayos cientos de expertos, entre los que se encuentran filósofos como Focault? ¿por qué se han escrito tantas teorías sobre Las Meninas? ¿por qué hay tanto misterio alrededor de este retrato, que además es considerada una de las mejores obras de arte de la historia? ¿cómo puede un retrato de unas niñas guardar tantos secretos?

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Además del manejo de las luces y las sombras que hace Velázquez, que efectivamente hace notar el espacio vacío que queda sobre los personajes y que ilumina la cara de la protagonista, lo interesante en Las Meninas es irónicamente la propia naturaleza y sentido del cuadro. Hay que bajar al nivel más básico para preguntarse: ¿de qué va el cuadro? ¿qué es este cuadro? ¿dónde está este cuadro? En realidad no son preguntas sin sentido. Haga el ejercicio: pregúntese a sí mismo y trate de responderse: ¿qué ha pintado Velázquez?

¿Qué ha pintado? Es una pregunta que no tiene respuesta aun en el S.XXI. Si nos adentramos en la realidad del cuadro, comprenderemos que lo que vemos no es verdaderamente lo que Velázquez pinta. Los protagonistas en Las Meninas no son las meninas, con sus vestidos y sus caras angelicales. Los verdaderos elementos centrales del cuadro de Velázquez son los reyes, Fernando IV y su esposa Mariana de Austria, que se encuentran fuera del cuadro. ¿Cómo podemos saberlo? Si uno se fija en la pared final de la habitación, verá un espejo. Allí se reflejan los cuerpos de los reyes, que están en el mismo lugar del observador del cuadro (fuera de él). Es la primera vez en la historia del arte que a un pintor se le ocurre reflejar a la familia real de esta forma tan paradójica: dejando a los propios reyes fuera del lienzo.

En realidad hay muchas más lecturas sobre Las Meninas, a cada una más asombrosa y reveladora. Es lo bueno de enfrentarnos a un cuadro con mensaje: nunca sabremos si lo estamos descifrando correctamente. Otros expertos aseguran que Fernando IV y Mariana de Austria no están posando para Velázquez en la habitación, sino que acaban de entrar. Esta teoría se apoya en las miradas de la cohorte de personas, que se gira inmediatamente para reverenciar a los monarcas. Por eso quizás le dan una patada al perro, para que se levante ante sus amos. Esto también explicaría el misterioso hombre del final de la habitación, que parece abrir la puerta para los reyes. Tanto la joven Margarita como una de las meninas están claramente mirando algo que acaba de pasar fuera del cuadro: ¿acaban de entrar los reyes en el estudio de Velázquez? Si esto es así, de nuevo nos preguntamos: ¿entonces qué estaba pintando Velázquez en su lienzo?

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También se han escrito comentarios sobre la posición del propio Velázquez en el cuadro. ¿Estaba el autor intentando parecer más protagonista que la propia infanta Margarita? Al contrario que Goya en La familia de Carlos IV, que está escondido en una esquina del cuadro y apenas se nota su presencia, en Las Meninas Velázquez aparece casi de cuerpo entero, a la vista de todo el mundo y cobrando un protagonismo que en realidad no tenía. En esa escena, el pintor no era la personalidad más importante de la habitación. Debido a esto, algunos analistas ven en esta provocación un mensaje de Velázquez, que quiere dejar claro que la pintura es, más que un oficio del que se aprovechan los reyes, un verdadero arte. Reclamaba así el papel de los pintores y su importancia.

En la disposición de los personajes se han querido ver guiños astronómicos de Velázquez. Algunos aseguran que, uniendo los puntos de todas las cabezas (también la del perro) se consigue una forma parecida a la de la Constelación de Capricornio. Otros se apoyan en el análisis de Lassaigne (1973) para asegurar que el mensaje oculto que escondió el genio sevillano tenía que ver con la Constelación Corona Borealis, cuya principal estrella es conocida como la Perla de la Corona, o Margarita Coronae. Según esta interpretación, Velázquez quería transmitir que la infanta Margarita era la joya de la Casa Real en aquellos momentos, y que estaba bien protegida y rodeada como la perla que era.

De manera mucho más atrevida, se ha llegado a especular que Velázquez, en una especie de adelantamiento a los preceptos de la teoría cuántica y la relatividad, estaba representando en su misterioso lienzo a los mismos espectadores del cuadro. Esta es la posibilidad más inquietante y fascinante, y elevaría a Velázquez como el mayor genio de la historia del arte. ¿De verdad estamos siendo pintados nosotros? ¿nos está mirando a través del tiempo y estamos siendo pintados en su lienzo? Cuando pasas delante de Las Meninas en el Museo del Prado, efectivamente te da la sensación de que Velázquez te está mirando a ti. A ti y a nadie más. Y puede que, además de mirarte fijamente, su pincel te esté pintando. Un ejercicio increíble de imaginación y genio.

Así se entiende que Las Meninas sea considerada por muchos la mejor obra de la historia de la pintura. Porque, además de su extraordinaria calidad y su perfecta técnica en el uso de los colores y en el propio dibujo, es una obra que hace protagonista al espectador, que transmite información con la disposición de los personajes, que oculta varios mensajes cifrados, que supone un desafío para la comprensión… y que, 350 años después de ser dibujado, sigue fascinando a todo aquel que la contempla y se sumerge en ella.

American Gothic (Grant Wood, 1930)

Según dicen, es el cuadro más famoso de Norteamérica. El pintor estadounidense Grant Wood no pretendía causar con su obra tanto escándalo y comentarios, pero lo cierto es que American Gothic ha pasado a la historia como uno de los cuadros más analizados… y parodiados. Se encuentra en el Instituto de Arte de Chicago, y a simple vista es un cuadro que transmite cierto misterio.

Pintado en 1930, el lienzo refleja la realidad social del interior de Estados Unidos. El ambiente rural y la importancia de la tradición se dejan notar en el primer vistazo: un hombre envejecido por la labor en el campo sujeta una horca, a su lado una mujer con la mirada fijada en un punto fuera de la escena se mantiene erguida con una mueca inquietante.

No se sabe si son marido y mujer o padre e hija, pero parece claro que la crítica ha coincidido en ver una crítica a la esclavitud: esa joven (¿o adulta?) mujer es esclava del hombre serio. Las ropa oscura, la posición en segundo plano y el gesto que oscila entre el miedo y la sumisión quieren indicar que esa mujer no es libre ni feliz. Aunque Grant Wood quería representar los roles tradicionales del hombre y la mujer en el mundo rural del Medio Oeste estadounidense, las lecturas que se han hecho de este cuadro han ido mucho más allá.

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Mucho se ha especulado a raíz del rostro severo del hombre y de la mirada atemorizada de la mujer. ¿Es este cuadro una denuncia al sistema patriarcal del mundo rural? Realmente se hace difícil pensar que sea un simple retrato de una pareja de granjeros: parece que esconde algo más. ¿Cómo se explican esas expresiones? Ningún otro cuadro en la historia ha reflejado dos rostros tan duros e inexpresivamente expresivos. Algo tienen que estar diciéndonos.

Para empezar, el hombre ocupa más espacio en el cuadro, y se sitúa por delante de la mujer. Es el hombre quien mira fijamente al espectador, con evidente posición de autoridad y protagonismo. En su casa manda él. La mujer, por el contrario, se evade y desaparece de la pintura fijando su mirada fuera del lienzo. No pinta nada allí. El pelo recogido ha querido entenderse como un símbolo de la sensualidad reprimida. Tiene aspecto de mujer religiosa, pero a la vez parece transmitir que no es ese su deseo.

Grant Wood fue criticado por esta obra. Muchos vieron un intento de ridiculizar a la gente del campo, otros consideraron que la crítica al tema de la esclavitud femenina era injusta. En cualquier caso, estamos ante un cuadro que ha motivado la reflexión durante décadas, del que se ha escrito mucho y sobre el que hay muchas hipótesis e interpretaciones. Una obra maestra que sigue inquietando al espectador y que nunca sabremos si comprendemos del todo.

Perro semihundido (Goya, 1823)

Francisco de Goya (1746-1828) fue un genio, adelantado a su época en muchos aspectos. En su obra más tardía la temática supera la clásica representación de miembros de la nobleza y la realeza para centrarse en inquietudes mucho más profundas. Durante la vejez, viviendo enfermo y afectado por los desastres de la Guerra de Independencia (1808-1814), pintó algunos de sus cuadros más fascinantes en términos de misterio y significados. Las obras que le llevaron a Madrid como pintor de los Borbones no tienen nada que ver con aquellas que pintó durante sus últimos días en la Quinta del Sordo.

Una de las llamadas Pinturas Negras de Goya (todas ellas inquietantes) es especialmente llamativa: Perro semihundido es un cuadro único en la historia del arte. Uno de los más comentados del pintor aragonés, nos muestra la cabeza de un perro mirando con ojos humanos hacia el cielo, donde reina el más absoluto vacío. Qué significa esta pintura es algo que lleva siendo un misterio durante años.

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En febrero del año 2000, el cardenal Ratzinger (que mas tarde sería proclamado papa), pidió visitar el Museo del Prado, y se detuvo con especial interés en las Pinturas Negras de Goya, dedicando varios minutos al cuadro Perro semihundido. No es el único que ha pasado largos ratos mirando esta misteriosa obra. ¿Qué intenta reflejar Goya, tan dado a dotar de significado a sus pinturas, con este pobre perro que se hunde en la tierra?

La mayoría de analistas coinciden en relacionar esta pintura con la idea del desamparo, el miedo, la incertidumbre, la soledad… toda una serie de sensaciones desalentadoras. Es un cuadro trágico en sí mismo: un perro con la arena al cuello. Pero además es un cuadro vacío, en el que no hay nada. Quizás por eso transmite tanto. ¿Qué otro cuadro en la historia del arte refleja la nada?

De nuevo, Goya se adelanta a los demás y nos presenta el surrealismo. Cien años antes de Dalí y Picasso, de la cabeza del genio de Zaragoza salió esta pintura irreal y abstracta. ¿A caso quería reflejar el desamparo ante el mundo en guerra? ¿lo incierto del futuro que vendría? ¿la condición humana, ligada a la soledad y a la necesidad? ¿nos está retratando a nosotros mismos a través de esos ojos tristes que miran hacia el cielo? ¿intenta decirnos que allí arriba no hay nadie que pueda salvarnos? Tantas interpretaciones hacen de esta una obra mágica.

Los expertos aseguran que existen varias posibles respuestas para entender el cuadro y para explicar ese gigantesco vacío. O bien el perro estaba observando a dos pájaros que vuelan (que habrían desaparecido del lienzo con el paso del tiempo), o quizás Goya no terminó este cuadro. En cualquier caso, ningún argumento es concluyente. Nadie sabe qué significado tiene este cuadro. Y eso es lo fascinante: que para cada espectador puede significar una cosa distinta.

 

El genio de un artista debe valorarse no sólo en términos de calidad técnica, sino en la capacidad que tenga de darle profundidad a su obra, dotarla de un significado más allá de lo representado. Conseguir transmitir un mensaje que únicamente pueda ser descifrado por aquel a quien va dirigido, y que pase desapercibido para el resto de observadores. Un contenido invisible, oculto detrás del mismo óleo, escondido allí por el genio, para que aguarde el momento de ser descubierto. Así, la obra maestra no será reconocida (ni conocida) totalmente hasta que sea comprendida y entendida en su plenitud. Los más grandes artistas son los que motivan la reflexión en el espectador.

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